CRISIS DE LA PROFESIÓN

La gran mayoría de los más de 60.000 arquitectos españoles entienden su profesión como un servicio a la sociedad. Sin embargo no trasmitimos eso a la sociedad, y a pesar de que, según una encuesta del Sindicato de Arquitectos (Sarq), solo el 24% logra superar los 1.000 euros mensuales, “seguimos siendo percibidos como un grupo que se mueve por interés propio , ya sea económico o creativo”.

Nada más lejos de la realidad lo cierto es que con la actual crisis , las infraestructuras del país construidas y con el número de arquitectos multiplicado de 3.600 en 1970 a los 60.000 actuales, urge redefinir el oficio, buscar nuevas vías.

Todo empezó con el acceso a una educación superior generalizada que ha aumentado la cifra de escuelas de arquitectura de 3 a 31 en 40 años. Los nuevos proyectistas no solo no heredamos ya la profesión de nuestros padres sino que, además, provenimos de estratos sociales diversos y tras años de formación se necesita ganar dinero. Así, no nos podemos permitir trabajar de aprendices durante años. Nuestro sindicato tiene menos de un lustro y aunque abordó el problema de los empleados no retribuidos, no ha solucionado las carencias en la gestión de una ocupación que todavía debate si quiere, o debe, pasar de artesanal a empresarial. Hacerlo exige cambios y sacrificios. No hacerlo, también.

Entre la opción de las grandes firmas, que aspiran a los mayores proyectos y necesitan muchos encargos para mantenerse, y las pequeñas, más artesanales y que deben unirse para acometer grandes proyectos, se debate el futuro de los arquitectos en España. La tercera vía pasa por emigrar. Y la cuarta, por reinventar la profesión. De todo ello sobran ejemplos.

Por otro lado las facultades de Arquitectura producen 2000 titulados al año, y el mercado no puede soportar ese incremento de profesionales, es como producir 2000 parados cada año. La solución pasa por cerrar escuelas de Arquitectura, así lograríamos que con las jubilaciones y las emigraciones tener el mercado equilibrado en 10 o 15 años.

El estado debe evitar que las facultades se conviertan en fábricas de parados, porque esto que sucede con los arquitectos empieza a suceder con otras titulaciones, sobran universidades , sobran universitarios.

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